Recuperando un cuerpo: el mío

Yo tuve que reconstruir, pintar sus paredes, colocar cortinas nuevas y sobretodo puertas más resistentes. Tuve que hacer que mi piel estuviera para las caricias, caricias del alba, deja que el viento te despeine, que la tierra ensucie las manos, haz de tu piel una piel dispuesta para las caricias, que la alegría de los niños al jugar sea tu manera de sentir, que si te duelen los pies sea de marchar hacia tu propia libertad, una piel dispuesta para conocer lo ignorado, lo oculto, para vivir el mundo.

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Convierte de tu mundo, un mundo de ensueños y fantasías que se pueden volver realidad, cobíjate de la esperanza y no dejes que la vela se apague, que el humo se disipe o que el agua deje de fluir.

No tengas miedo, que el miedo está condenado y puede ser tu verdugo, y si es que acaso lo tienes, utilízalo como remo, y que te lleve a navegar y a descubrir nuevos horizontes.

Vuélvete un ser místico, con toques de alegría, que nada te haga perder la esperanza, que nada te haga perder el humor, que todo te haga perder la ignorancia, pero nunca el sentir de un corazón.

Haz de tu vida nuevas maneras de renovarte a ti mismx, haz de ti una mujer guerrera o un hombre sensible, una idea que va más allá de ser solo dos sexos, de ser almas complementarias.

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Ponle fin a la oscuridad, a la larga noche, a las ataduras, a las amarras, a las cadenas, que no se calle el sonido de tu voz, que no se aplaque tu camino, que tus cabellos no permanezcan siempre peinados, que tu sangre siga alborotada de justicia y libertad, de tu propia libertad.

Entender el placer de ser tu mismx, de tomar mis decisiones y tener mi vida bajo mi control, de la flexibilidad de las acciones, de las palabras.

Que resuene el sonido, que el silencio no se guarde, que se utilice sólo para escuchar a los niños balbucear, las risas, los aullidos, los “te amo” y la música sonar.

Que el reclamo de los muertos por dejarse matar, el silencio, la inacción, el sinsabor, no sometan tu cuerpo con ganas de hacer, con un querer, un deber y un poder, que no haya escuchar por escuchar, que no haya niños sin jugar. Que exista la guerra en los pensamientos que conduzcan a la creación, que los poetas no dejen de escribir, ni los pintores de pintar, ni los cantantes de cantar, que el estudiante no deje de estudiar, ni que los jóvenes no dejen de re-evolucionar, que los fantasmas de la historia sean la guía de los caminos ya caminados.

“Comprendo, sin temor a equivocarme, la paz y el desasosiego; el amor y la quietud; el anhelo y la incertidumbre; la vitalidad y la pesadumbre; la fe y la desconfianza; la pasión y el instinto. Comprendo el calor y el frío, la humedad y lo áspero, lo superficial y lo profundo, el sueño y el insomnio, el hambre y la saciedad, el acurruco y el desamparo”

Comprendo ser un árbol, tranquilo pero firme, silencioso pero que rechina en los momentos de tempestad, un árbol que no se quiebre, que resista, que no juzgue pero que enseñe, un árbol que ilumina y da sombra, un árbol que crece y da frutos, que refugia, un árbol que no sea solo madera, un árbol que sea vida, que contagie.

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Obra de María Kubicek, Argentina “El árbol”

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