¡Qué romántico María Joaquina!

Quiero empezar diciendo algo: creo total y completamente en el amor. Siempre he sido una romántica de lo peor, como la gordita de Carrusel de niños. Me gusta que las personas siempre estemos tratando de entender y descifrar los procesos físicos, químicos, mentales por los que pasamos al estar enamorados. Me encanta entender las cosas que hacen nuestro cerebro cuando estamos cerca de personas a las que amamos. Me encanta tener sentimientos hacia la gente.

Sin embargo, a pesar de que suena como una cosa muy bonita, hay una cosa rarísima con el amor. De repente te das cuenta que esta idea que todos tenemos, el amor que añoraba cuando vi La Sirenita y el que aún me saca lágrimas cuando voy al cine sola a ver películas románticas, está normado por todo un sistema. Y que todo eso que nos enseñan no es parte de un amor libre; sino de un amor que está dentro de un límite y un marco patriarcal*.

Ya pensando con más cuidado, esta idea del amor romántico además de que excluye otras preferencias sexuales, en general nos excluye a casi todas. ¿Por qué? Lo voy a explicar volviendo con Laura Quiñones, la gordita de carrusel.

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Aquí una foto de ella, díganle hola.

El asunto es que en la televisión, en las películas, y tal vez incluso en la vida misma, estamos acostumbrados a que la niña gordita de carrusel no merece ese amor que todos tenemos en la cabeza. Dejen explico este ejemplo con otro ejemplo: Hace unos días en una serie que se llama Empire, la actriz Gabourey Sibide (la protagonista de Precious) hizo una escena de sexo donde de hecho y cosa rara, una mujer gorda y afroamericana, lo estaba disfrutando; al minuto muchísima gente se burló de ella, se peleaban con el canal porque les pareció asqueroso y le hicieron miles de memes. A lo que ella, que no es ajena a las burlas constantes, contestó que se había sentido increíble, guapísima y muy segura y agregó que le parecía muy extraño y hasta horrible que nadie se escandalizó cuando en Precious tuvo una escena de sexo donde la violaban. ¿Por qué? Porque veían como normal que alguien como ella fuera castigada. El amor romántico nos dice que ella no es merecedora de nada bueno. Entonces las gorditas, las que no son blancas, las lesbianas… todas aquellas que son distintas no pueden saber del amor. El amor no pinta bien en carrusel para nadie más que para María Joaquina y sus amigas güeras.

El mensaje que nos han dado es claro: El amor, si no es heterosexual, entre blancos, con dinero, (de “gente bonita”, pues) no es amor.

Qué hueva.

Regresando a la idea del patriarcado, una vez que este amor nos deja fuera a casi todas y aún así seguimos aspirando a él, llega ooootra fregadera: el amor romántico no aspira a ser entre iguales. Contempla una situación de dominación, de pertenencia de una persona sobre otra. Gracias a este amor se justifican feminicidios, la violencia entre las parejas, los celos locos, las amenazas. Permite que las mujeres además de hacer lo nuestro, ir a trabajar o lo que sea, tengamos que estar en la casa y tener una jornada laboral extra y no remunerada. Este amor nos dice que sí o sí debemos tener un instinto maternal y que las cosas de los hijos y de la casa son exclusivas de nosotras. Y nos dice que si fallamos en reproducirnos o en casarnos, fallamos en la vida, fallamos como personas.  Qué cosa tan tremenda.

 

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Esta imagen circuló a modo de chiste entre mis primas casadas.

Y claro, es como el famoso sueño americano, seguimos queriendo tener justamente eso que nos excluye y que hasta nos repudia. No por que seamos masoquistas, (o tal vez sí, quién sabe) sino porque a veces cualquier otra forma de existir nos parece incluso ridícula. Así nos dijeron que debía ser. Ciertamente es difícil deshacer todo eso que nos enseñaron. Quién sabe cómo seríamos si realmente pudiéramos practicar un amor libre y sin ningún estereotipo. Creo que incluso ya entendiendo cómo funciona todo esto y tratando de crear un amor distinto, es difícil no caer en patrones similares. Al final, todas estas ideas han estado rodeándonos desde que nacimos.

Pero el lado positivo es que no creo que todo el amor sea malo. Definitivamente no lo creo. Lo bonito de analizar estas cosas es que al final sabes que cada quien puede construir con las personas que elija su propia forma de amar y pienso que de manera individual tomas decisiones mucho más profundas o al menos más sinceras cuando vas a tener una relación del tipo que prefieras con una persona. Puede que a veces regreses a los mismos moldes, pero lo importante es que seguramente ya podrás reconocerlos e intentarás alejarte de ellos. O al menos así es como lo veo.

* Entendemos como patriarcado un “sistema” de dominación de los hombres sobre las mujeres; donde todo lo que se relaciona como femenino se aprecia por debajo de lo masculino.
** Este texto fue parte de un análisis para un curso que estoy tomando con Ímpetu A.C.  sobre perspectiva de género. Síganlas en Facebook para que se enteren de cursos y talleres.
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