Experimento: Rocío se pone a programar en serio

He decidido que voy a aprender a programar bien.

¡¿Pooor quéee?!

Seguramente has oído que hay pocas mujeres en los campos de STEM (siglas en inglés para ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Y, aunque ha habido avances, en México los porcentajes son igual o menos alentadores. Aquí una nota al respecto.

¿Y qué? Bueno, pues que en estos tiempos CASI TODO requiere de conocimientos en estas áreas y, especialmente, de programación. ¿Cómo sabrán los creadores de productos y servicios (coches, teléfonos, computadoras, electrodomésticos, apps, juegos, etc) cuáles son nuestras necesidades, en términos de género, si no estamos incluidas? Sí, se pueden valer de testeo y otros estudios, pero también debe haber representantes desde el origen de los proyectos, para opinar incluso, sobre qué se va a pichar. 

Muy bien, programar es importante. O se oye importante…  ¿Qué dijiste qué es programar? Seguramente muchas de ustedes ya lo saben, pero quizá algunas lo vean como un concepto etéreo, muy lejano. Así lo veía yo hace un par de años, pero en uno mis múltiples cursos escuché la mejor metáfora/lección/definición sobre programación:

“Si sabes hacer un pastel, puedes aprender  programar”. Phoenix Perry

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Eso es programación. Programar es la receta que siguen las computadoras. Computadoras que tienen dentro muchas cosas de nuestra vida cotidiana (la laptop, el teléfono, el coche, entre otros). Esas recetas no están escritas en inglés, español o francés, están escritas en diferentes lenguajes creados para distintas cosas. Digamos que CSS, HTML, Java, Ruby, etc son lenguajes como ruso, japonés o español. Diferentes personas pueden leer y seguir instrucciones en distintos lenguajes. Así en programación. ¿Pero recetas para qué? Para miles (¿millones?) de cosas: para definir colores, ancho, alto de un sitio web, para insertar tablas que dividan claramente columnas en un mail, para hacer formularios para que te inscribas a boletines o compres un boleto de avión, para manejar bases de datos de usuarios de empresas, para darle movimiento a los objetos en distintas pantallas, acciones (prender y apagar), activar la cámara de tu teléfono cuando usas Instagram, conectar tu banco con tu sitio de compras y un larguísimo, y en ciernes, etcétera.

¿Y por qué quiero yo, después de haber estudiado una carrera de 5 años y una maestría por 2 en el campo de ciencias sociales/artes aprender algo que suena muy matemático? Además de que me gusta seguir recetas, me parece que es como hablar dos idiomas, te empodera. Programar te ayuda a visualizar, a crear o a comunicar lo que quieres. Aquí un ejemplo. Programar va a multiplicar el alcance de mis ideas. Y sí, también para mejorar la estadística. Y la última razón: Para que otras chicas que se sienten demasiado grandes o poco matemáticas digan: Si ella, que no es ingeniera, no estudió matemáticas, es mujer, tiene más de 30, es mexicana, no tiene ningún mentor, ni predisposición para esto, pudo… ¡Yo también!

Así que sigue mi historia. No sé cuántas semanas necesitemos para esto. Ya veremos.

La siguiente entrega les diré con qué lenguaje voy a empezar, por qué y qué recursos estoy usando. Si quieres hacer los cursos conmigo, sería lo máximo.

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